lunes, 25 de junio de 2012

microrrelato con final sorprendente


El aprendiz y el maestro. Ambos conocedores de la voluntad férrea de la obstinación. Construyeron un camino en paralelo, sus mentes vuelan sobre el mar y los corazones atracan en puertos. El corazón sangra cuando la meta esta cerca, pero saben que elucubrar llevara al error. Y cuanto más tiempo te exiges, más se destensa el cable. En su mirada se basa la confianza, y en ella se depositan las sensaciones que se dan para convertirse en el otro. Pudiera servir la emoción para convertirse en el otro. Pudiera servir la emoción para lograr saborear el beso, para que le sorprenda una flor, pero su capacidad para no sufrir, se basa en lograr el equilibrio. Pausados, sensuales, consumidos por el ritmo cardiaco del acto, saborean lo que es destruir la cárcel en la que les han metido. Y sus mentes, siempre en guerra, se pierden cuando llegan desde el cielo, porque el instante es infinito desde el primer paso, desde que uno avanza más, desde que el cerebro empieza a funcionar. Desde que empiezan a ser funambulistas

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