martes, 20 de diciembre de 2011

Bajo mi cama


Bajo mi cama
Mi cama se divide en dos canapés y encima el somier con un colchón. Depende de donde elijas encontrarás el canapé caótico o el ordenado y práctico. El primero, el caótico está a la izquierda. Puedes encontrarte el mítico diablo, el juego del recreo, con sus dos palos de madera unidos a una cuerda, y la otra parte los dos semicírculos antepuestos uno verde y otro amarillo unidos por un metal preparado para que corra la cuerda. También hay cuarzo y placas de mica con un gran valor sentimental, y zapatillas: para correr y pies de gato, unas zapatillas con protecciones de goma por todos los lados para un buen agarre diseñadas para escalar. Lo importante, todos los artilugios de la bici, un pulsómetro inservible por el paso del tiempo, también guantes calentitos, calcetines térmicos, y un poster firmado por el Campeón del Mundo de Mountain Bike, Hermida, que  estoy colgando ahora mismo. Y nada más, en el otro canapé que es el que abro con asiduidad, solo hay mochilas de toda índole. Bandoleras, de montaña, de viaje, del Atlético de Madrid…

jueves, 27 de octubre de 2011

Obaba

“Erase una vez, en Bagdad, un criado que servía a un rico mercader. Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no fue como todas las demás, porque esa mañana vio allí a la Muerte y porque la Muerte le hizo un gesto.

Aterrado, el criado volvió a casa del mercader.

-Amo -le dijo-, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. Esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.

-Pero ¿por qué quieres huir?

-Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.

El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo, y el criado partió con la esperanza de estar por la noche en Ispahán.


Por la tarde, el propio mercader fue al mercado y, como le había sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.

-Muerte -le dijo acercándose a ella-, ¿por qué le has hecho un gesto de amenaza a mi criado?...”

¿Quién eres tú para juzgarme, sirviente?

No puedo juzgar a alguien que no escucha, ni ve, ni oye. He estado pensando, no creo que mi criado deba morir  

 ¿No querrás irritarme con dudas ontológicas, iluminado ?

lunes, 17 de octubre de 2011

Lectura

Hola, un nuevo compañero se une al grupo de blogueros. Me llamo Guillermo. Cuando siento la necesidad de leer un libro, sólo tengo que empezar por la primera palabra e ir conjugando todas ellas para que nos llene de forma particular y duradera.

Cuando empecé a leer me atrevía con libros infantiles que me intrigaran, me despertasen ese sentimiento de búsqueda constante que tengo ahora mismo. Eran libros con los que te sentías despierto. Esto fue hace mucho y me divertía leyendo estos libros, me hacían sentirme mayor y siempre que estuviera entremezclado con algo de suspense y detectives, me encariñaba aún más con ellos.

Dejando a un lado los libros de aventuras, me atreví a buscar algo más personal en los libros. Más densos en cuanto a contenido. El problema fue que no empezaba a engancharme el tipo de lectura, puesto que los leía bajo el mismo prisma que cuando leía los primeros.
Ahora estoy leyendo un libro autobiográfico, y no me cuestiono lo bello que pueda ser un pasaje o la magnifica sensación a la que te transporta, que lo sigo haciendo. Si no solo me quedo con la satisfacción que me da el libro al estar leyéndolo, y el saber valorar lo que el autor nos quiere dar a conocer, según nuestra propia mente.