jueves, 27 de octubre de 2011

Obaba

“Erase una vez, en Bagdad, un criado que servía a un rico mercader. Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no fue como todas las demás, porque esa mañana vio allí a la Muerte y porque la Muerte le hizo un gesto.

Aterrado, el criado volvió a casa del mercader.

-Amo -le dijo-, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. Esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.

-Pero ¿por qué quieres huir?

-Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.

El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo, y el criado partió con la esperanza de estar por la noche en Ispahán.


Por la tarde, el propio mercader fue al mercado y, como le había sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.

-Muerte -le dijo acercándose a ella-, ¿por qué le has hecho un gesto de amenaza a mi criado?...”

¿Quién eres tú para juzgarme, sirviente?

No puedo juzgar a alguien que no escucha, ni ve, ni oye. He estado pensando, no creo que mi criado deba morir  

 ¿No querrás irritarme con dudas ontológicas, iluminado ?

lunes, 17 de octubre de 2011

Lectura

Hola, un nuevo compañero se une al grupo de blogueros. Me llamo Guillermo. Cuando siento la necesidad de leer un libro, sólo tengo que empezar por la primera palabra e ir conjugando todas ellas para que nos llene de forma particular y duradera.

Cuando empecé a leer me atrevía con libros infantiles que me intrigaran, me despertasen ese sentimiento de búsqueda constante que tengo ahora mismo. Eran libros con los que te sentías despierto. Esto fue hace mucho y me divertía leyendo estos libros, me hacían sentirme mayor y siempre que estuviera entremezclado con algo de suspense y detectives, me encariñaba aún más con ellos.

Dejando a un lado los libros de aventuras, me atreví a buscar algo más personal en los libros. Más densos en cuanto a contenido. El problema fue que no empezaba a engancharme el tipo de lectura, puesto que los leía bajo el mismo prisma que cuando leía los primeros.
Ahora estoy leyendo un libro autobiográfico, y no me cuestiono lo bello que pueda ser un pasaje o la magnifica sensación a la que te transporta, que lo sigo haciendo. Si no solo me quedo con la satisfacción que me da el libro al estar leyéndolo, y el saber valorar lo que el autor nos quiere dar a conocer, según nuestra propia mente.